Necesidades socioafectivas del niño

Concha Oset

01/03/2024

Todo niño tiene la necesidad de ser comprendido y amado; cubrir esta necesidad es la base de la salud emocional y contribuye al desarrollo armónico de la personalidad.

1.- Necesidad de la expresión de si mismo

Ser único e irrepetible. Expresar sus sensaciones, sentimientos, afectos.

Las sensaciones son la base de los sentimientos y el niño expresa su sentir, no sólo a través del lenguaje verbal, cuando éste se desarrolla, sino que lo hace fundamentalmente a través de su cuerpo y su movimiento, de su expresividad corporal total en relación con el espacio, los objetos, los otros, su cuerpo.

Todas las acciones del niño están impregnadas de emocionalidad, son expresión de su ser, más intensa aún cuando el cuerpo está en movimiento.

La pasividad e inhibición corporal, supone también inhibición y bloqueo emocional. Así como la intensidad y exceso de movimiento, la hiperactividad, supone también una intensidad y exceso emocional, pudiendo traducir una angustia.

Las personas que permanecen en conexión con su cuerpo, saben lo que sienten y son capaces de saber lo que sienten los demás.

La congelación o bloqueo de sentimientos, supone una desconexión de éstos y por tanto de sí mismo. Es una protección para: no sufrir, complacer a los padres, no perderles, etc.

Los padres son las personas más importantes para el niño y para no perderlos, los niños muy pronto aprenden a hipotecarse a sí mismos, con sus sentimientos, deseos, impulsos. Se crea así el falso si mismo, la falsa identidad.

2.- Necesidad de ser reconocido, respetado y aceptado

La riqueza de sentimientos es lo que da color y calor a la vida. Si el niño crece siempre en conexión con sus sentimientos sean los que sean, sabrá por donde va su vida y por tanto por donde quiere que vaya. El niño quiere ser aceptado en sus emociones, sentimientos, gustos, deseos, exploraciones.

Siempre sabe lo que le gusta y lo que no le gusta y el origen de esta elección se sitúa exactamente en él mismo. Él es el centro de su proceso de evaluación.

Sus sentidos le aportan los elementos que necesita para realizar su elección, sin embargo en su esfuerzo por mantener el afecto, la aprobación y la estima del otro, el individuo abandona el lugar de evaluación que era él mismo en su infancia y lo coloca en el otro. Aprende a desconfiar fundamentalmente de su experiencia como guía del comportamiento.

Lo fundamental es que las emociones que tiene el niño son las que son, los padres pueden ayudarle a canalizar las emociones negativas, pero nunca juzgarlas, ni valorar al niño negativamente por tenerlas.

3.- Necesidad de explorar su mundo y relaciones

La exploración con los otros, sin perder su individualidad.

En este moverse en la vida desde los propios deseos habrá una búsqueda del propio placer y bienestar, una tendencia a crecer, madurar, ser, basada en el aprendizaje por sí mismo.

El niño tendrá que aceptar frustraciones, los límites propios y ajenos, los sentimientos “negativos”, etc. Aquí los padres con una actitud adecuada serán de gran ayuda. Confiar en el niño, en su ser inteligente y capaz, en sus potencialidades, en su naturaleza sabia. La fuerza destructiva o agresiva proviene de la no realización de la fuerza de la vida.

4.- Necesidad del amor y atención de los padres

Los padres tienen que estar dispuestos a escuchar, acoger, acompañar a su hijo, porque favorece la expresión de su ser y de si mismo y contenerle en su expresión emocional, proporcionando seguridad en las relaciones afectivas. Las relaciones con los padres son el modelo de las relaciones con los otros.

Ante todo, los padres deben tener un amor incondicional a su hijo, tal como él es y se expresa, no como ellos desearían que fuera, sin chantajes afectivos o de otra índole, esto no quiere decir ausencia de límites.

La empatía, el entonamiento afectivo y la sintonía, ayuda a los padres a ponerse en el lugar de su hijo, entrando en su mundo con comprensión, sin tratar de cambiar los sentimientos, viendo como él, sintiendo como él «oyendo con el corazón, no con el cerebro»

Mostrar interés y valoración de la expresión del hijo, sin juicio a su persona: ni crítica, sin quitar importancia, sin tapar los sentimientos, ni cambiarlos.

Cuando los padres reconocen sus sentimientos y los reflejan, gestual y verbalmente, el niño se mira y se encuentra en el otro e integra así sus sentimientos (placer, alegría, tristeza, enfado). Los padres son los espejos donde ellos se miran, el niño crece confiando en sus padres, en sí mismo y en la vida.

5.- El niño desafía y reta

Muchos psicólogos sitúan la edad de 2 años como la etapa de “crisis de oposicionismo”, es la etapa de la autoafirmación, el inicio del pensamiento independiente.

Es una etapa en la que el niño empieza a sentirse mayor, desea autoafirmarse, su expresión favorita es “no” y manifiesta pataletas y rabietas.

Expresa lo que quiere, elige su ropa y juguetes, siente que puede en cierta manera tener un dominio sobre su mundo.

A esta edad el niño es menos sociable, juega más solo, demuestra lo que a simple vista parece un egoísmo a ultranza con los juguetes, no los deja fácilmente y usa mucho la expresión “es mío”, puede llegar a tirar del pelo, incluso morder si se los quita otro niño.

De cara al exterior el niño es tímido con los desconocidos. En casa, sin embargo, se muestra autoritario, le gusta dar ordenes, lo quiere hacer todo solo, tiene manías, ritos, dice “no” con frecuencia.

Sin embargo, el niño es todavía muy dependiente de la madre a esta edad, la sigue a todas partes, se muestra caprichoso, tiene dificultades para dormir, por las noches cualquier excusa es buena para llamar la atención de sus padres y que acudan a su lado, muestran apego del adulto.

Pero también toleran mejor las separaciones y adoptan “sustitutos”, internalización de la figura de la madre buena y estable, que va a regresar.

Etapa del control de esfínteres. Que en el plano psicológico se traduce por la etapa de la duda y la vergüenza, puede llegar a dudar de sí mismo, sentir vergüenza abiertamente si sus padres le culpan de no controlar esfínteres por ejemplo.

5.1. Oposicionismo

El adulto tiene que dejar un espacio para la autoafirmación, sin quitar el cariño y también poner límites adecuados.

Si esto se dirime mal, surge el oposicionismo patológico.

El niño se vuelve caprichoso, no quiere hacer nada, el adulto se irrita, la tolerancia tiene un límite. El niño se siente rechazado. Todo esto sucede de forma inconsciente.

El oposicionismo empieza a ser patológico cuando…

El niño ya no se opone para desarrollarse, sino para hacer sufrir al otro o para llamar la atención.

Comete faltas para capturar la atención de sus padres.

Por ejemplo, la madre pasa del niño y el niño se comporta mal para llamar la atención.

Solo se debe pasar del niño si hay sobreprotección o sobreatención.

Los padres deben regular la ansiedad del niño. El adulto tiene que cumplir sus funciones de adulto, organizar, regular, poner límites si es necesario. Si no, el niño al no tener límites se convierte en un niño sádico, que hace sufrir.

5.2. Rabietas y Pataletas

El origen de las rabietas guarda estrecha relación con algo que el niño no ha logrado hacer, conseguir o expresar y que por lo tanto le crea frustraciones.

Las frustraciones tienden a aumentar cuando el niño está cansado, hambriento o enfermo.

Se debe aceptar la rabia natural del niño sin rechazarlo, ni decirle “malo” y tolerar negativas razonables, así como fomentar pequeñas decisiones.

Es importante entender que las pataletas son frecuentes a determinadas edades y que si son bien llevadas, suponen un aprendizaje para el niño, ya que le sirven para canalizar las emociones negativas.

Cuando el niño tiene un berrinche se debe evitar sermonear, dar explicaciones y tratar de dialogar en ese momento. Hacerlo después.

No ceder si es un capricho.

Jamás golpear ni agredir físicamente o verbalmente. No desaprobar al niño, solo su comportamiento. No es un gritón o malcriado, su comportamiento es el que no corresponde.

Algunos consejos para prevenir las pataletas

– Mantener una buena comunicación, relación con el niño, si el niño se siente seguro afectivamente y confía en sus padres, estas situaciones se hacen menos extremas por lo general.

– Que haya coherencia en los límites y normas. Hoy te digo que si, dentro de un rato que no. Esto desconcierta al niño.

– Enseñar con el ejemplo. ¿Cómo se muestran los padres ante frustraciones, como exteriorizan sus emociones negativas? Los niños muchas veces son el espejo de esto

– Hablar de los sentimientos del niño y de los sentimientos de los padres

– Reforzar los comportamientos positivos. Ej. Que bien has aceptado no comprar nada en el supermercado. Felicitarle. No consiguió un juguete, pero si la aprobación y muestra de afecto, que le resulta muy importante

– Minimizar la necesidad de decir “no”, reorganizando la casa, por ejemplo, quitando algunos objetos o muebles que no quieres que toque.

– Ofrecerle siempre dos opciones para que escoja ¿quieres naranja o manzana?

– Distraerlo cuando la frustración comienza, dirigir su atención hacia otra actividad mas atractiva.

– Escoge las batallas cuidadosamente, no regañar por tonterías, pero si son situaciones de peligro hay que ser firmes y consistentes.

– No describirle como “malo”, sino decir, estas fuera de control. Después es fundamental darle un abrazo, y hablar de lo sucedido.

Todos los niños son únicos y diferentes, estas sugerencias puede que no se adapten a tu realidad familiar, pero te ayudarán a comprender mejor estos estados de tu hijo.

Estos estados emocionales se ven favorecidos, a veces, por el temperamento fuerte del niño, otras veces, por límites muy severos en la crianza. Además, el niño puede usarlo para ver hasta que punto el límite existe o no.

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