El proceso de desarrollo del niño parte de una relación estrecha con sus padres, es decir, de un apego que se ha construido con un vínculo afectivo sano y estable, el cual lleva poco a poco a la separación de ellos y la construcción de su propia identidad.
Estos dos fenómenos vínculo-separación están ligados. El niño necesita apego y autonomía, raíces y alas. Esta claro que un buen vínculo proporciona también una buena autonomía.

LA SEPARACIÓN

El niño desde que nace está sometido a la separación de sus figuras de apego. En el momento del parto, cuando va a dormir por la noche, cuando los padres se marchan, etcétera. Pero quizás uno de estos momentos cruciales es la entrada del niño en la escuela infantil o el colegio.

Todos estas ocasiones mencionadas tienen algo en común: en cada uno de ellos el niño tiene que afrontar la pérdida de sus figuras de apego (su madre, su padre…), que son las que le proporcionan durante sus primeros años de vida su fuente de seguridad básica. Por tanto, es un instante debe cuidarse especialmente para que se produzcan de la forma menos angustiosa para el niño y los padres, ya que así sentaremos las bases de su salud emocional de adulto y será una buena forma de afrontar perdidas y separaciones futuras.

Ante la separación de sus figuras de apego es probable que el niño al principio llore, sienta malestar. Aquí es muy importante el papel del adulto para regular esa angustia. Si el niño siente una angustia excesiva ante la separación es porque siente inseguridad por algo. Es importante buscar la causa de eso que le preocupa. Si siente miedo ante la separación, se puede empatizar con él y verbalizar las posibles causas del mismo. La interrupción de una relación para un niño es siempre un acontecimiento. El niño puede vivirlo como abandono, por eso es algo que hay que explicarle y preparar.

La separación hay que anticiparla, trabajarla con el niño y explorar las consecuencias de la ausencia.
No podemos olvidar, por último, las ansiedades de los propios padres, especialmente de la madre, ante la separación de su hijo. ¿Cómo lo vive ella?, ¿cómo lo vivió de pequeña?, ¿hay sentimientos de culpa? Todo esto también se puede proyectar de manera inconsciente en el niño, y por tanto, es bueno que los padres se sientan orientados y apoyados en estos momentos.

COMO ACTUAR: El momento de la entrada en la escuela infantil

1. Anticipar la separación. Hablarle de lo que va a suceder para irle preparando, la preparación cognitiva regula la ansiedad de separación. Contarle lo que va a hacer allí y todos los aspectos positivos que va a tener: conocer a amigos, jugar con otros juguetes..
2. Participar en el período de transición que la escuela infantil proponga. Es importante que los padres puedan asistir por un período de tiempo al espacio donde el niño se va a quedar y así el se familiariza con el mismo, educadores, material nuevo, etc. y ve una continuidad y no se siente abandonado.
3. Verbalizar los estados emocionales del niño. Ayudar a expresar lo que siente, “claro estas un poco asustado porque todo es nuevo, y desconocido…” Ayudarle a expresar sus necesidades afectivas, esto va generando en el niño estructuras simbólicas.
4. Ir graduando previamente la atención prestada en casa. Que el niño tenga ratos de jugar solo y otros ratos compartidos con mama u otros familiares.
5. La separación tiene que ser gradual. Al principio le dejamos unas horas solo y después vamos aumentando el tiempo. Si le tenemos que dejar mucho tiempo, luego compensarlo estando con el bastante a la salida del cole.
6. Explicar al niño los motivos de la separación. Mamá tiene que ir a trabajar, tu ya eres grande y vas a jugar con otros niño y aprender muchas cosas, etcétera. Explicarle que de ninguna manera es un abandono, que al volver estarán juntos y harán algo que el quiera, etc.
7. Dejar un objeto de los padres al niño, como un pañuelo, una foto, algo que les recuerde.
8. Fomentar el uso del juguete de apego. Que pueda llevar al principio
su osito preferido, u el objeto preferido, que le ayude a regular su angustia, no importa el objeto lo importante es la función, poder abrazarlo, calmarse, etc. a la vuelta de la separación
9. Expresar entusiasmo por el reencuentro. Que le recibimos con ganas.
10. Ser respetuoso con su estado de ánimo. Observarle y esperar un poquito a que se muestre con nosotros como siempre. Algunos niños muestran enfado, otros se ponen contentos, otros indiferentes. No forzar la respuesta deseada por los padres.
11. Explorar como ha vivido la ausencia. Preguntar como ha estado, si ha estado contento, si ha jugado, que cosas le han pasado. Observar al niño si lo ha vivido como interrupción , como abandono…
12. Hablar sobre ello. Sobre cómo está el niño y cómo estamos nosotros.

Artículo publicado en la Revista Sólo Boadilla